Los cambios de humor y del estado de animo, lo que suele denominarse la labilidad emocional, son un rasgo típico del Trastorno Bipolar.
Estos cambios de humor pueden externalizarse o internalizarse, es decir, pueden ser manifestados hacia afuera por el propio individuo, o puede no hacerlo, y suelen ir acompañados de cambios del estado de energía.
Si la normotimia fuera una línea continua, estos cambios de humor representarían ligeros picos sobre dicha línea, picos hacia arriba si el ánimo sube con aumento de energía, y picos hacia abajo si el ánimo es depresivo con disminución de la energía. Hasta aquí cualquiera podría pensar, todo el mundo tiene cambios de humor, sin embargo estos cambios son patológicos en el Trastorno Bipolar porque ocurren de manera recurrente y frecuente, haciendo sufrir al paciente y a sus familiares.
En personas sanas los cambios de humor son reactivos a circunstancias externas, en el enfermo bipolar son cambios espontáneos aunque a veces también pueden ser reactivos. Esta labilidad emocional de subidas y bajadas en el estado de ánimo causan mucho sufrimiento, el paciente sin diagnosticar puede notarse los cambios pero sin embargo no relacionarlos con padecer una enfermedad. El temperamento ciclotímico se caracteriza por estos cambios de humor, temperamento que se ha demostrado en numerosos estudios, representa una predisposición para padecer un Transtorno Bipolar.
Es importante distinguir entre los cambios de humor propiamente dicho, y los episodios de enfermedad, que representarían picos más acentuados sobre esa línea continua de la normotimia. Además de aparecer cambios de humor de tipo subidas y bajadas también pueden aparecer cambios de irritabilidad e irascibilidad.
Estos cambios de humor en la etapa adolescente pueden significar un pródromo para un posterior episodio depresivo que si aparece antes de los 21 años estaría marcando una futura bipolaridad. Los cambios de humor durante la infancia pueden manifestarse con “temper tamtruns” ataques de rabia, alteraciones conductuales, ya que el niño no es capaz de verbalizar sus sentimientos, y actúa sufriendo dejándose llevar por irracionales cambios de conducta. Mientras que en adultos estos cambios de humor ocurren más espaciados, en niños suelen ocurrir varias veces al día, de ahí la forma ultrarápida que presentan.
References: Psychiatric Times, october 1999.
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