
Bueno pues ayer acabamos en urgencias después de conseguir que mi mujer TLP, se tomase 3 galletas, yo me pasé la noche sin dormir y los insultos fueron varios, está optó por llamar al 061 y se presentaron un médico un enfermero y dos policías, luego vinieron más sanitarios y policías, nos tomaron la filiación de la Seguridad Social el médico y los DNI los policías, el médico optó por que fuéramos al hospital ya que el cuadro que presentábamos los dos era deplorable, así que llamó a una ambulancia y nos llevaron a los dos al Hospital.
Primero fui asistido yo y tras narrarle un resumen sucinto de nuestra vida en común y de lo que había pasado optó por bajarme el antidepresivo y subirme una benzodioacepina y poner la otra a criterio, por sino no me entraba el sueño necesario para descansar, me preguntó por el psiquiatra que me trataba ambulatoriamente, que le conocía hasta me dijo un apelativo cariñoso por el que le llamaban, eso sí me rogó que no se lo dijese y me dio un escrito cuyo nombre no recuerdo, para pedir una cita preferente con mi psiquiatra en el caso de que la nueva medicación me produjera problemas o que mi estado psicológico empeorase debido a que ya empezaba a virar mi TAB a manía.
En cuanto a mi mujer que padece una anorexia galopante, lleva meses sin comer nada sólido, la recomendó en otro parte, que no me ha enseñado, que se lo llevase a su psiquiatra para derivarla a un hospital de día, cercano a nuestro domicilio. ¿Ya veremos que tal le va, si hay plazas si su psiquiatra lo estima necesario, etc.?
Bueno en mi relato anterior ustedes se preguntarán porqué opté por hacerme funcionario represor y no continuar mi carrera de camello, por la que ganaba más dinero y tenía más ¿amigos?, pues fue por unas palabras que leí en un libro sobre Lucky Luciano el gran gángster de los EEUU, que cuando la policía del tesoro le preguntó, después del éxito del desembarco de Sicilia por las fuerzas aliadas, que no tuvieron que disparar un solo tiro, gracias a los contactos mafiosos de Luciano, que si volviera a nacer que le hubiera gustado ser, el solo dijo una palabra HONRADO. Y es que la honestidad es un bien que no solo cura muchas enfermedades, como por ejemplo el alcoholismo, mi otra patología, sino que es un bien para llevar una vida tranquila y capaz de encumbrarte, de hacer buenos amigos, de encontrar la mujer de tú vida, de hacer que tus hijos crezcan son la seguridad y protección que necesitan los niños y los adolescentes, mejor que llenarles la casa de juguetes carísimos pero sin el afecto y respeto a sus padres. En esta crisis de valores en el primer mundo, conviene recordar, los mismos que nos han llevado a este bienestar económico.
Solo me queda desearle un feliz año nuevo a los que visitan el foro y al Dr. Gallardo que lo patrocina.